Rhythm is not just seen, it is felt - Royal Talens
Rhythm is not just seen, it is felt - Royal Talens

La repetición. Eso es lo primero que le viene a la mente a Justyna cuando piensa en el ritmo en las artes visuales. Sol LeWitt llenó paredes enteras de museos con líneas y cuadrados repetidos. El ritmo reside en la repetición de los mismos elementos, pero también en la variación: más juntos, más separados, más grandes y más pequeños.

Sol LeWitt, Wall Drawing #1136

Una sola vez es un sonido. La repetición lo convierte en ritmo.

Francine añade otra perspectiva: el ritmo se desarrolla en el espacio. De izquierda a derecha, de arriba abajo. Incluso los patrones irregulares pueden ser rítmicos, siempre que se perciba una cadencia subyacente.

«Si solo ocurre una vez, puede que sea un sonido. Solo a través de la repetición se convierte en ritmo».

Pero el ritmo no tiene por qué ser rígido ni matemático. Fíjate en las pinceladas de Van Gogh. La repetición allí no está en formas exactas. Vive en el movimiento, el gesto, la marca. El ritmo está en cómo se hizo algo.

¿El ritmo está en la forma o en el tema?

Aquí hay un contraste interesante. Francine ve el ritmo en las bailarinas de Degas en la forma en que los cuerpos se distribuyen por el lienzo, como si la danza continuara en la superficie. Justine lo ve de otra manera: para ella, el ritmo reside en la propia ejecución visual, no en lo que se representa.

Las dos tienen razón. El ritmo visual existe en varios niveles a la vez: en la composición, en la repetición de formas, en el tema y en la relación entre todos ellos.

Edgar Degas, La clase de baile

La música como motor de la creación

Justyna usa la música como títulos para sus cuadros, en relación con lo que escuchaba mientras trabajaba. No para dirigir conscientemente el resultado, sino para dar color al proceso. Francine casi siempre pinta con música de fondo. Una canción enérgica le aporta movimiento físico y dinamismo. La música tranquila de piano la lleva a una forma de trabajar más serena y contemplativa.

A veces, la música se desvanece por completo en el fondo: está ahí, pero no se oye. El ritmo actúa entonces sin que te des cuenta, y quizá sea ahí cuando tiene más fuerza.

¿Puede haber demasiado ritmo?

Los puntos de Yayoi Kusama plantean una nueva pregunta. Para Justyna, tanta abundancia resulta casi asfixiante. El ritmo sin respiro pierde su tensión. Francine lo expresa muy bien: la obra de Kusama tiene un tono más que una melodía. Constantemente presente, apenas varía.

Y con eso, la comparación con la música se completa. También en el arte visual se necesita un respiro para que el ritmo respire.

Yayoi Kusama con su obra Pumpkin (1994).

El ritmo está en todas partes. Incluso fuera del estudio.

El paisaje de los pólderes holandeses cerca de Almere, con sus hileras repetidas de árboles y sus líneas rectas. Avenidas, fachadas, patrones en las ciudades y en la naturaleza. Cuanto más lo piensas, más claro lo ves: el ritmo casi siempre está ahí, se utilice de forma consciente o no.

No hace falta explicarlo para que exista. Lo ves. Lo sientes. A veces, solo cuando te detienes y miras de verdad.

Sobre las autoras

Justyna Pennards y Francine Oonk son artistas y asesoras técnicas en el departamento de I+D de Royal Talens, donde combinan la investigación artística con sus conocimientos sobre materiales y técnicas. La práctica de Justyna se basa en la creencia de que el crecimiento es posible en cualquier lugar y en cualquier etapa de la vida, y se inspira en la naturaleza y los jardines botánicos para explorar la relación entre los sistemas vivos y el entorno construido. Francine aporta un fuerte enfoque en la narración de historias, con una pasión por el arte, la creatividad, el sector museístico y la educación. Juntas comparten un compromiso con la creatividad, la reflexión y la conexión entre el arte, las personas y los materiales.